Cuando por primera vez mi amante me propuso explorar el sexo anal suave entre nosotras, sentí una mezcla de excitación y miedo que todavía recuerdo con claridad. Estábamos en mi apartamento de Barcelona, con las luces bajas y la música de fondo, y esa propuesta rompió algo dentro de mí que ni siquiera sabía que estaba ahí. En Sexo en BCN siempre he hablado desde mi propia piel, desde lo que he vivido, y hoy quiero contarte cómo el sexo anal suave entre mujeres me enseñó a romper tabúes que cargaba desde la adolescencia, a confiar más en ella y a descubrir capas de placer que jamás imaginé.
Si tú también estás aquí porque sientes curiosidad, porque has pensado en probarlo con tu pareja o porque simplemente quieres entender cómo se vive esto desde dentro, quédate. No voy a darte lecciones clínicas ni consejos impersonales. Voy a contarte mi historia, la de una mujer bisexual que ha aprendido a escuchar su cuerpo y el de su amante con respeto, ternura y mucha comunicación. El sexo anal suave entre mujeres no tiene por qué ser algo brusco ni doloroso; puede ser una forma increíblemente íntima de conectar cuando se hace con paciencia y amor.
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- Por qué el sexo anal entre mujeres sigue siendo un tabú
- Mi primer encuentro real con el sexo anal suave
- La comunicación que lo cambió todo
- Preparación, lubricación y confianza mutua
- Técnicas suaves que realmente funcionan
- Las sensaciones que descubrí y nunca olvidaré
- Beneficios emocionales en nuestra relación bisexual
- Errores que cometí al principio y cómo los superé
- Consejos prácticos desde mi experiencia
- Cómo encaja esto en mi bisexualidad y libertad sexual
- Preguntas frecuentes
- Una última reflexión
Por qué el sexo anal entre mujeres sigue siendo un tabú
Me he dado cuenta de que, aunque hablemos mucho de sexualidad entre mujeres, el sexo anal sigue cargando un peso enorme de vergüenza. En las conversaciones con amigas, en foros o incluso en algunas lecturas, parece que este tipo de placer se asocia más a relaciones heterosexuales o a algo “sucio”. Sin embargo, desde que empecé a explorarlo con mi amante, entendí que el tabú no tiene que ver con la anatomía, sino con el miedo a lo desconocido y con la idea de que ciertos placeres están reservados para ciertos tipos de cuerpos o relaciones.
Cuando era más joven, yo misma sentía que el sexo anal era territorio masculino o algo que solo se hacía “por complacer al otro”. Romper esa creencia me costó tiempo y muchas conversaciones honestas. En mi blog siempre digo que la bisexualidad no es solo atraerse por diferentes géneros, sino también atreverse a cuestionar qué tipo de placeres nos pertenecen. El sexo anal suave entre mujeres me ayudó a reclamar un placer que sentía que no me correspondía y, al mismo tiempo, a dejar de juzgarme por desearlo.
Recuerdo una noche en la que, después de un día largo, mi amante y yo estábamos tumbadas en la cama hablando de todo lo que nos daba miedo probar. Ella me confesó que también le interesaba, pero que pensaba que “no era algo de chicas”. Esa frase me dolió porque reflejaba lo que muchas de nosotras hemos interiorizado. Desde entonces decidimos que íbamos a explorar juntas, sin prisas y sin expectativas de que tuviera que ser como en las películas. Esa decisión marcó el comienzo de algo mucho más profundo que solo sexo.
El tabú también se alimenta de la falta de información real. La mayoría de lo que vemos en internet es contenido hecho para miradas masculinas o poco realista. Cuando empecé a buscar experiencias de otras mujeres bisexuales o lesbianas que hablaran de esto con honestidad, encontré muy poco. Por eso hoy escribo esta historia en primera persona: para que tú, si estás dudando, sepas que no estás sola y que se puede vivir con mucha ternura.
Mi primer encuentro real con el sexo anal suave
La primera vez que probamos el sexo anal suave entre nosotras fue después de varios meses de hablarlo. No fue algo impulsivo. Habíamos creado un ambiente de mucha confianza. Esa noche habíamos cenado juntas, compartido vino y nos habíamos reído mucho. Cuando nos acostamos, mi amante me preguntó directamente si seguía teniendo ganas. Su voz calmada me dio seguridad.
Empezamos con caricias lentas, besos largos y mucha atención al resto de nuestros cuerpos. No fuimos directas a la zona anal. Primero nos aseguramos de que ambas estuviéramos muy excitadas y relajadas. Recuerdo que mi corazón latía fuerte, no de miedo, sino de esa anticipación que solo aparece cuando sabes que estás a punto de cruzar un límite contigo misma.
Usamos mucho lubricante a base de agua, el que más nos gustaba porque no irritaba. Ella empezó con un dedo muy despacio, circulando alrededor, sin presionar. Me pidió que le dijera en todo momento cómo me sentía. Esa comunicación constante fue lo que hizo que la experiencia fuera hermosa en vez de incómoda. Poco a poco fui relajándome y, cuando por fin sintió que mi cuerpo la invitaba, insertó el dedo con mucha suavidad.
La sensación no fue de dolor, sino de una presión distinta, más profunda que cualquier otra cosa que hubiera sentido antes. Cerré los ojos y me concentré en respirar. Ella se quedó quieta un rato, dejándome acostumbrarme, y luego empezó a mover el dedo con movimientos muy suaves, casi circulares. En ese momento entendí por qué la gente habla de esta zona con tanto respeto: hay una sensibilidad que no se parece a nada más.
Después de un rato, intercambiamos los papeles. Yo exploré su cuerpo de la misma manera y vi en su cara la misma mezcla de sorpresa y placer que yo había sentido. Fue un momento de conexión enorme, de vernos vulnerables y seguras al mismo tiempo. Esa noche no llegamos a algo muy intenso; nos quedamos en lo suave, en lo que nos permitía conocernos más. Y eso, precisamente, fue lo más intenso de todo.
La comunicación que lo cambió todo
Si hay algo que he aprendido en estos años compartiendo mi vida sexual en el blog es que la comunicación es el ingrediente más erótico que existe. Antes de aquella primera vez, mi amante y yo pasamos varias semanas hablando de miedos, límites y deseos. Hablamos de qué nos daba vergüenza, de qué nos excitaba solo de pensarlo y de qué señales íbamos a usar si algo no nos gustaba.
Una de las conversaciones más importantes fue sobre el “no”. Decidimos que cualquiera de las dos podía parar en cualquier momento, sin explicaciones ni disculpas. Esa regla nos dio una libertad enorme. También hablamos de lubricante, de uñas cortas, de higiene previa y de que el sexo anal no tenía que terminar en orgasmo para haber sido bueno.
Durante el acto en sí, la comunicación no paró. Decíamos cosas como “un poco más despacio”, “me gusta cuando paras ahí”, “prueba con menos presión”. Esa verbalización constante no rompió la magia; al contrario, la hizo más íntima. Sentí que estábamos construyendo algo juntas, no que una le estaba “haciendo” algo a la otra.
Si tú estás pensando en probar el sexo anal suave con tu amante, te invito a que empecéis por la conversación. No tenéis que hablarlo todo de golpe. Podéis ir poco a poco, compartiendo fantasías primero y luego concretando. En mi caso, esas charlas previas fueron casi tan excitantes como el acto en sí. Me hicieron sentir vista, respetada y deseada de una forma que pocas veces había experimentado.
Preparación, lubricación y confianza mutua
Una de las cosas que más me preguntan cuando hablo de este tema es cómo nos preparamos. No hay una fórmula mágica, pero sí hábitos que nos han funcionado a mi amante y a mí. Lo primero es la relajación. Si una de las dos está tensa por estrés del día o por ansiedad, el cuerpo no responde igual. Por eso solemos dedicar tiempo a masajes, baños juntos o simplemente tumbarnos abrazadas hasta que notamos que el cuerpo se suelta.
El lubricante es sagrado. Usamos cantidades generosas y lo volvemos a aplicar cada poco tiempo. También nos aseguramos de que nuestras manos estén limpias y las uñas bien cuidadas. Aunque parezca obvio, esos detalles marcan la diferencia entre una experiencia placentera y una incómoda.
Otra parte importante es la limpieza. No nos obsesionamos con una limpieza extrema, porque eso puede generar más ansiedad. Simplemente procuramos ir al baño antes y, si nos apetece, usar una ducha anal suave con agua tibia. Pero lo más importante no es la perfección física, sino la confianza de que, si algo sale diferente a lo esperado, no va a ser un drama. Esa confianza mutua es lo que permite que el sexo anal suave sea suave de verdad.
En nuestra relación bisexual, esta preparación también se convirtió en un momento de cuidados. Nosotras dos nos cuidamos de formas diferentes a como yo había cuidado mis relaciones anteriores. Hay una ternura específica en dos mujeres preparándose para algo así, en preguntarse “¿estás bien?”, “¿quieres que pare un momento?”, “¿te gusta así?”. Esa ternura es parte del placer.
Técnicas suaves que realmente funcionan
Con el tiempo, mi amante y yo fuimos desarrollando nuestras propias técnicas. No hay una única manera correcta, pero sí principios que repetimos porque nos funcionan. Empezamos siempre con mucho estímulo externo: besos en el cuello, caricias en los pechos, dedos en el clítoris. Cuanto más excitada esté la persona que va a recibir, más fácil será que los músculos se relajen.
Cuando llega el momento de tocar la zona anal, lo hacemos con un dedo bien lubricado y en movimientos circulares primero, sin entrar. Solo cuando notamos que el cuerpo “invita”, aplicamos una presión muy suave hacia dentro. Nunca forzamos. Si hay resistencia, paramos y volvemos a los besos y caricias hasta que desaparezca.
Una técnica que nos gusta mucho es combinar el dedo anal con estimulación del clítoris al mismo tiempo. Eso ayuda a asociar la sensación anal con placer en vez de solo con presión. A veces usamos un pequeño juguete de silicona suave, siempre con mucho lubricante y con el control total de la que lo recibe. El ritmo siempre es lento, casi meditativo.
Otra cosa que aprendimos es que el sexo anal suave entre mujeres no tiene que ser simétrico. A veces una de nosotras quiere recibir más tiempo y a la otra le basta con dar y observar. Respetar esos deseos diferentes sin sentir que “hay que hacer lo mismo” ha sido clave para que sigamos disfrutándolo después de tanto tiempo.
Las sensaciones que descubrí y nunca olvidaré
Describir las sensaciones del sexo anal suave es complicado porque son muy distintas a todo lo demás. Al principio es una sensación de presión y calor que se va extendiendo. No es como el orgasmo clitoriano, que es más localizado y explosivo. Es algo más profundo, más difuso, que puede durar más tiempo y que a veces se mezcla con emociones fuertes.
Recuerdo una noche en la que, mientras mi amante movía el dedo con esa lentitud que tanto me gusta, empecé a llorar. No era tristeza. Era una liberación enorme, como si algo que llevaba años guardado se estuviera soltando. Ella lo entendió sin que dijera nada y se quedó quieta, abrazándome, hasta que me calmé. Esa noche el sexo anal suave se convirtió en algo mucho más que placer físico: se convirtió en un acto de sanación y confianza.
Otras veces las sensaciones son puramente físicas: una ola de calor que sube por la espalda, temblores en las piernas, una sensación de plenitud que hace que todo el cuerpo se sienta más vivo. A veces llego a un estado casi de trance, donde pierdo la noción del tiempo. Esas experiencias me han enseñado que el placer puede ser mucho más amplio de lo que la mayoría de nosotras aprendemos cuando somos jóvenes.
Lo más bonito es que esas sensaciones se multiplican cuando las compartes con alguien en quien confías ciegamente. Mi amante sabe cuándo parar, cuándo intensificar y cuándo simplemente estar ahí. Esa conexión hace que el sexo anal suave entre mujeres sea, para mí, una de las formas más íntimas de hacer el amor que he conocido.
Beneficios emocionales en nuestra relación bisexual
Más allá del placer físico, el sexo anal suave ha tenido un impacto enorme en nuestra relación. La bisexualidad a veces viene con inseguridades propias: “¿será suficiente?”, “¿extrañará ella a un hombre?”, “¿estoy haciendo bien las cosas?”. Explorar juntos este territorio nos ayudó a disolver muchas de esas dudas.
Cuando una mujer se entrega a otra de forma tan vulnerable, se crea un vínculo muy fuerte. Después de esas noches, nosotras dos nos sentíamos más unidas, más capaces de hablar de cualquier cosa. El sexo anal suave se convirtió en un símbolo de que podíamos ir a cualquier lugar juntas, sin juicios.
Desde el punto de vista emocional, también me ayudó a reconciliarme con partes de mi cuerpo que antes asociaba con vergüenza. La zona anal había sido, para mí, algo que se escondía. Ahora la vivo como otra fuente de placer y conexión. Esa reconciliación ha tenido efectos en cómo me relaciono con mi bisexualidad en general: me siento más libre, menos dividida entre lo que “debería” desear y lo que realmente deseo.
Si tú estás en una relación bisexual y has notado que hay zonas de la sexualidad que todavía no os habéis atrevido a explorar, te recomiendo que consideres hablar de esto. No porque sea obligatorio, sino porque a veces los tabúes que rompemos juntos terminan siendo los que más nos acercan.
Errores que cometí al principio y cómo los superé
Como todo en la vida, los primeros intentos no fueron perfectos. Una vez intentamos apresurarnos porque teníamos poco tiempo y la experiencia fue incómoda. Aprendí que el sexo anal suave requiere tiempo y que forzar el ritmo es la mejor manera de que salga mal.
Otra vez usé muy poco lubricante porque pensé que “ya estábamos suficientemente húmedas”. Error grande. El dolor que apareció me enseñó que nunca se puede escatimar en lubricante. Ahora siempre tenemos varios botes al lado de la cama.
También cometí el error de no comunicar lo suficiente al principio. Me callaba cuando algo no me gustaba del todo por miedo a “estropear el momento”. Con el tiempo entendí que decir “espera un segundo” o “un poco menos” no rompe nada; al contrario, hace que la experiencia sea mejor para las dos.
El mayor error, sin embargo, fue compararme con lo que había visto en internet. Esperaba que todo fuera espectacular desde el primer momento. Cuando acepté que cada noche es diferente y que algunas son más suaves que otras, empecé a disfrutar de verdad. El sexo anal suave entre mujeres no es un espectáculo; es una conversación corporal que evoluciona con el tiempo.
Consejos prácticos desde mi experiencia
Si estás pensando en probar el sexo anal suave con tu amante, aquí te dejo algunas cosas que a nosotras nos han funcionado después de varios años de exploración. Lo primero: elige un momento en el que ninguna de las dos esté cansada ni estresada. La relajación es clave.
Segundo: empezad siempre con mucho estímulo previo. Cuanto más excitadas estéis, más fácil será todo. Tercero: usad lubricante a base de agua en cantidad generosa y no tengáis vergüenza de volver a aplicarlo.
Cuarto: mantened la comunicación constante. No solo al principio, sino durante todo el proceso. Quinto: tened toallitas o una toalla cerca por si acaso. Sexto: después del acto, dedica tiempo a los abrazos y a hablar de cómo os habéis sentido. Esa parte es tan importante como el acto en sí.
Séptimo: no os pongáis objetivos. No hace falta llegar a ningún sitio concreto. El objetivo es la conexión y el placer mutuo. Octavo: si una de las dos no tiene ganas un día, se respeta sin discusión. El sexo anal suave solo tiene sentido cuando las dos estáis presentes y deseosas.
Cómo encaja esto en mi bisexualidad y libertad sexual
Para mí, el sexo anal suave entre mujeres ha sido una forma más de vivir mi bisexualidad sin encasillarme. A veces la gente cree que la bisexualidad es solo “gustar de hombres y mujeres por separado”, pero en la práctica es mucho más rico. Es poder compartir intimidad con otra mujer de formas que cuestionan lo que se espera de nosotras.
Explorar este tipo de placer con mi amante me ha hecho sentir más dueña de mi deseo. Ya no pienso “esto es algo que hacen las lesbianas” o “esto es algo que hacen las parejas hetero”. Pienso “esto es algo que nosotras dos queremos en este momento y eso es suficiente”.
En Sexo en BCN siempre he defendido que la libertad sexual pasa por atreverse a nombrar lo que nos gusta, aunque sea tabú. El sexo anal suave entre mujeres ha sido uno de esos tabúes que he conseguido romper y, al romperlo, he ganado una confianza que se ha extendido a otras áreas de mi vida. Ya no me da miedo decir lo que quiero en la cama ni en ningún otro sitio.
Si tú también te sientes dividida entre lo que “se supone” que debe gustarte y lo que realmente te excita, quizás este sea un buen momento para empezar a cuestionar esas reglas. Mi amante y yo lo hicimos juntas y el resultado ha sido una relación más honesta, más apasionada y mucho más libre.
Preguntas frecuentes
¿Duele el sexo anal suave entre mujeres?
Si se hace con paciencia, mucho lubricante y comunicación constante, no tiene por qué doler. El dolor suele aparecer cuando hay prisa o falta de lubricación. En mi experiencia, cuando ambas estamos relajadas y vamos despacio, la sensación es de placer o de presión agradable, no de dolor.
¿Necesito usar juguetes o basta con los dedos?
Los dedos son más que suficientes cuando se empieza. Los juguetes pueden ser interesantes después, cuando ya hay confianza y se conoce bien el cuerpo de la otra. Yo empecé solo con dedos y todavía los prefiero en muchas ocasiones porque permiten más sensibilidad y control.
¿Qué pasa si no me gusta?
No pasa nada. El sexo anal no tiene que gustarte a la primera ni nunca. Lo importante es que lo pruebes desde la curiosidad y no desde la obligación. Si después de intentarlo decides que no es lo tuyo, está perfecto. La sexualidad no es una lista de cosas que “hay que hacer”.
¿Cómo sé si mi amante está cómoda?
La mejor forma es preguntando. Durante el acto, puedes decir cosas como “¿cómo te sientes?”, “¿quieres que siga?”, “¿más suave?”. Observa también su respiración y su lenguaje corporal. Si notas tensión, para y pregúntale. La comunicación constante es la mejor garantía de comodidad.
¿Es normal que me dé vergüenza hablar de esto?
Completamente normal. El tabú está muy arraigado. Lo que importa no es eliminar la vergüenza de un día para otro, sino ser capaz de hablar a pesar de ella. Con mi amante, al principio nos daba vergüenza incluso nombrarlo. Con el tiempo y la práctica, esa vergüenza se convirtió en confianza.
Una última reflexión
El sexo anal suave entre mujeres me ha enseñado más sobre confianza, paciencia y placer que muchos otros encuentros en mi vida. No es solo una técnica sexual; es una forma de estar con otra persona en la que ambas se entregan de manera diferente. Si tú también sientes que hay partes de tu sexualidad que todavía no te has permitido explorar, te animo a que lo hagas desde el respeto y la comunicación.
Mi amante y yo seguimos descubriendo cosas nuevas después de todo este tiempo. Cada noche es distinta y cada vez que probamos algo, aprendemos algo nuevo sobre nosotras y sobre lo que podemos compartir. Esa sensación de seguir creciendo juntas es, probablemente, lo más bonito que me ha dado esta experiencia.
Si has llegado hasta aquí, gracias por leer mi historia con la mente y el corazón abiertos. El sexo no tiene por qué ser perfecto ni seguir reglas. Tiene que ser honesto, consentido y placentero para las personas que lo viven. Y el sexo anal suave entre mujeres, cuando se hace así, puede ser una de las experiencias más liberadoras que una mujer bisexual puede regalarse.
Sigue leyendo para descubrir todos los detalles de cómo seguimos explorando juntas cada semana, de las conversaciones que mantenemos después y de cómo este tipo de intimidad ha cambiado la forma en que entendemos el deseo. Hay mucho más por contar y me encantaría que me acompañaras en el camino.

