
Es el látigo que acostumbraban a llevar en sus alforjas los viejos cowboys
Cuando nacemos somos felices, gozamos la inocencia de ser niños. Conforme crecemos, nos vamos desacreditando, dejamos de opinar en las cosas esenciales de la vida, difícilmente volteamos a ver las estrellas pues estamos tan ocupados en revisar el camino para no caer, que difícilmente soñamos.